Con Fibromialgia ¿qué palabra corta resulta difícil aprender a decir?

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Cuántas veces en el día nos encontramos ante situaciones en las que claramente queremos decir que ‘no’, y terminamos diciendo ‘sí’ a un jefe, una pareja, una amiga, nuestros padres o hijos?
 
 
 
 
A pesar de tener gran cantidad de preocupaciones y cosas por hacer, seguimos sumando responsabilidades y compromisos, porque sentimos culpa por delegar las tareas en los demás.
 
Sabías que decir que ‘no’ tiene sus beneficios?
“A veces decimos ‘sí’, sin tomarnos el tiempo de pensarlo, lo hacemos desde el apuro o urgencia y luego nos arrepentimos. Esto nos incapacita para tener un verdadero contacto con nosotros mismos y con los demás, y no nos permite reflexionar si verdaderamente deseamos decir sí o no, ante determinada situación
 
o persona”, explica una Terapeuta.
 
Oprimidos por el sí. 
‘No puedo decir que no, es un compromiso’, ‘a la familia jamás se le dice que no’:
Son algunos de los mandatos sociales, culturales y familiares que traemos desde nuestra infancia y que hacen que si nos negamos nos sentimos culpables.
 

 
 
Pero tenemos que comprendernos para poder decidir por nosotros mismos sin que sea una tortura emocional:
‘Podemos decir que no desde el amor, mirando al otro y a nosotros mismos desde un lugar más compasivo’.
Al decir que ‘no’ estamos eligiendo, y también reconociendo que no podemos hacer todo.
Si tenemos dos cumpleaños el mismo día y a la misma hora, quizás tengamos que dejar de ir a uno porque de otra forma no disfrutaremos de ninguno, si tuvimos una semana agotadora es posible que el domingo tengamos ganas de estar en casa y no de ir a almorzar con nuestros suegros.
 
 
 
Decir que ‘no’ tiene un costo, pero debemos estar preparados para
 
enfrentarlo y eliminar todos los miedos que nos vengan a la cabeza,
 
como por ejemplo:
 
“No van a quererme más, me rechazarán y dejarán de lado”, “no lo
 
entenderán, se enojarán” o “voy perder mi trabajo”.
“Debemos aceptar que no podemos hacer todo para todos y aprender a delegar y soltar”.
 
 
 
Responder con seguridad. 
Lo importante es no perder la calma y saber que siempre hay tiempo para cambiar.
El simple hecho de tranquilizarte un poco y tomarte el tiempo para decidir a qué cosa vas elegir decirle «sí», puede cambiarte la vida.
 
Cumplir cada uno de los compromisos a los que dijimos «si» y pensar bien antes de aceptar otras nuevas obligaciones.
 
Resistir la presión de realizar cada vez más y reflexionar sobre ello:
¿Cuál es su efecto principal en tu calidad de vida?
 
¿El hecho de estar tan ocupado te hace más feliz, o te estresa más y más?
Siente la calma y el bienestar que pueden surgir como resultado de poder decir que «no» a algunas situaciones o personas sin culpa!.
Expande esas sensaciones a todas las situaciones de tu vida.
 
 
Lecciones básicas para aprender a decir “no”
– Demorar los tiempos de respuesta: nos permite reflexionar antes de responder y ver si realmente deseamos decir que sí.
– Responsabilizarnos de nuestras elecciones: di no a actividades que no son prioridades en tu vida, no a cosas importantes para las que simplemente no tienes tiempo, sino al apetito voraz de llenar de compromisos toda tu agenda.
– Observar los indicadores de estrés:  si te frustras y tensas en alguna situación, intenta desconectarte de ella y tomar un descanso antes de que la cabeza se te sature.
Trata de mantenerte fuera de la “zona roja del estrés”, esto logrará a largo plazo mantener tu salud y bienestar.
– Realizar una lista de las prioridades de tu vida: pon a cada una un porcentaje de acuerdo a la energía que consideres que inviertes en ella.
 
Si la mayoría da 100%, algo no está andando bien, entonces puedes preguntarte:
 
¿Puedo dejar o delegar alguna de estas tareas?
¿Puedo aceptar menos compromisos a partir de ahora?
– Revisar e indagar en la historia familiar: conocer cómo han sido nuestros padres o abuelos a la hora de decir “no”, puede permitirnos comprendernos mejor y lograr que hoy podamos decidir si queremos seguir como hasta ahora o transformarnos.
 
 
Los beneficios de decir “no”
•Poner límites y delegar permite evaluar la confianza que tenemos en los demás, no sobrecargarnos psíquica y físicamente, confiar en que no somos imprescindibles y dejar de tratar de lograr la perfección.
• En la familia, delegar y pedir, equilibra el sistema y favorece la cooperación de sus miembros.

Delegar responsabilidades a los más pequeños los empodera, les enseña, fortalece su autoestima, aumenta la confianza en sí mismos y los prepara para un mejor futuro.
 
En la pareja: delegar restablece el flujo entre el dar y recibir manteniendo el equilibrio.
 
Si alguien sólo da o sólo toma, la pareja está amenazada porque corre el riesgo de transformarse en un trato materno filial, en lugar de uno entre adultos.
“El beneficio de decir que “no” es, sin duda, decirle “sí” a tu propio bienestar, a lo que de verdad te llena y realmente deseas, y sobre todo, a mantener a largo plazo tu salud y calidad de vida, porque en definitiva se trata de vivir mejor tu propia vida!”.

 

 
 

 
 
 
 
 
Imagen de: Psicoblogs