Por la fibromialgia sentimos los músculos tiesos, rígidos. Conoce 5 ideas para solucionarlo.

¿Cómo enfrentar la rigidez muscular de la Fibromialgia?

Experimentar tensión muscular es un síntoma muy común para los pacientes de Fibromialgia. Muchos nos despertamos sintiéndonos rígidos y doloridos. De manera que aprender a relajar nuestros músculos y aliviar esa tensión, debe ser una parte muy importante de nuestra estrategia para afrontar la Fibromialgia.
Como con casi todo lo relacionado a la fibromialgia, lo principal es encontrar lo que nos funciona a nosotros. La actividad física nos ayuda a sentirnos más fuertes de manera que incluso si el dolor físico sigue allí, nos sentiremos más capaces de enfrentarlo. No hay solución rápida, pero una vez que hayas encontrado una forma de combatir la tensión muscular, notarás los beneficios inmediatamente. Te volverás más flexible y por lo tanto más capaz de moverte. 
Cinco maneras de lograr alivio muscular.
1- Yoga 
El Yoga incluye meditación, ejercicios de respiración, posturas suaves e instrucciones para hacer frente a los síntomas. Los efectos que nos benefician son mejoras significativas en las medidas de dolor, fatiga y estado de ánimo asociado con la fibromialgia.
Practicar yoga con regularidad produce mejoras significativas y aumenta la cantidad de días en que te sientes bien y no faltas al trabajo por la fibromialgia. Ayuda a reducir los trastornos del sueño, la fatiga y la depresión, al tiempo que mejora la calidad de vida. 
Muchos estudios han analizado los beneficios generales del yoga para reducir el estrés y mejorar la salud física y mental. Por ejemplo según un análisis publicado el yoga parece reducir la liberación de cortisol, una hormona asociada con la respuesta al estrés en el cuerpo. Los beneficios psicológicos incluiyen sentimientos más positivos y una mayor conciencia.
2- Pilates 
Mediante el método pilates se consigue una mayor masa muscular, pero de forma diferente a la habitual. 
Se fortalecen los músculos sin perder flexibilidad. Sus efectos son muy notables en la zona del abdomen y espalda, además de tonificar zonas como glúteos y brazos.
Al realizar una sesión de Pilates, lo que pretendemos es fluir y movernos libremente durante la fase de movimiento, y finalizar con control y precisión.
El movimiento fluido integra el sistema nervioso, los músculos y las articulaciones, entrenando al cuerpo para que se mueva de forma suave y uniforme.
Practicar pilates semanalmente ayuda a reducir el dolor de la fibromialgia. Realizar tres veces por semana Pilates mejora considerablemente el dolor y un efecto profundo en la capacidad para realizar las actividades cotidianas fundamentales para la vida.
 
3- Masajes 

El masaje a los pacientes con fibromialgia debe ser aplicado siempre respetando el umbral de dolor de cada persona y teniendo en cuenta sus síntomas. Se comienza con una presión suave, que gradualmente se va aumentando hasta llegar a un umbral soportable de dolor. Algunos autores mencionan un masaje normal realizado con poca presión, haciendo una maniobra envolvente y relajante. Con el masaje facilitamos que el paciente relaje su cuerpo, tenga más movilidad y poco a poco gane calidad de vida ayudándole a descansar mejor, sentir menos dolor y hacer del masaje un hábito saludable.

Los masajes más recomendables son la liberación miofascial, el masaje del tejido conectivo (también llamado masaje de tejido profundo), drenaje linfático manual, Shiatsu y el masaje sueco.

 
4- Agua caliente 
Cuando sus músculos están tensos, no hay nada mejor que un baño caliente con burbujas, sales de Epsom y velas, para relajar su cuerpo y su mente. Cuando estamos estresados ​​y nerviosos, tensamos nuestros músculos involuntariamente, y quedamos atrapados en un círculo vicioso. Un baño caliente alivia la tensión muscular.
5- Caminar

Una caminata diaria a paso rápido puede ayudarte a llevar un estilo de vida más saludable. Puede contribuir a mantener un peso saludable. Prevenir o controlar diversas afecciones, como las enfermedades cardíacas, la presión arterial alta y la diabetes de tipo 2. Fortalecer los huesos y los músculos. Mejorar el estado de ánimo, el equilibrio y la coordinación. Cuanto más rápido, más lejos y más frecuentemente camines, mayores serán los beneficios.

La postura ideal para caminar es con la cabeza en alto. Mirando hacia adelante, pero no hacia abajo. El cuello, la espalda y los hombros relajados. Balancear los brazos libremente, con una ligera flexión de los codos. Tensar ligeramente los músculos del estómago, con la espalda recta. Trata de caminar de manera fluida, apoyando el talón y luego los dedos.

Párr. de: Punto seguro.com, Mayo Clinic.

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