Síntomas MENSTRUALES Únicos Que Soporté Durante Mi Juventud Con FIBROMIALGIA

Asistí a mi primer seminario nacional de fibromialgia a los 47 años de edad, después de experimentar sus síntomas desde la infancia.

Allí, aprendí que mis síntomas menstruales inusuales no me ocurrían solo a mi, a pesar de que nunca fueron descritos en ninguna de las publicaciones que había leído. 
Las pacientes compañeras,reportaron tener síntomas similares a los míos, y completamente diferentes de los de sus amigas, o familiares sanas.
Para mi desgracia, mi cuerpo maduró temprano, y me presentaron a «mi amigo» a la edad de 10 años. 
Sí, en esos tiempos, las niñas se referían a su período como su «amigo». 
El mío era cualquier cosa menos un amigo, y más como la «miseria del Paracetamol». Pero, a diferencia de cualquier otra chica que yo conocía, los calambres no eran el peor de mis problemas.
Cada mes, varias horas antes de que comenzara mi ciclo, me convertía en una gran masa de tensión muscular. 
Yo estaba en un estado de parecía maníaco. Quería gritar sin ninguna razón. 

Parecía que tenía dos bandas de goma internas, una conectada desde el abdomen hasta los dedos de los pies, la otra desde el abdomen hasta los dedos de las manos, y que se estiraban simultáneamente. 

Mis dedos se curvaban y mis puños se cerraban. Yo sudaba profusamente y gemía involuntariamente. 
Ninguna cantidad de Paracetamol o cualquier otra cosa aliviaba esta agonía. Sólo dormir (aunque sólo sea por unos pocos minutos) aliviaba esa tensión, y el signo del motivo de lo que me ocurría aparecería en mi ropa interior, luego al despertar.
Cada mes, pasé por el mismo  horrible proceso. 
Sufría demasiado, para mi era embarazoso, pedía permiso en clase para ir a ver a la enfermera. Yo le decía que tenía calambres (era más fácil que tratar de explicar lo que realmente sentía), y me enviaba a mi casa, apenas caminaba acurrucada en el dolor, y me metía en la cama. 
Me quedaba allí, llorando hasta quedarme dormida. 
Una vez que el flujo comenzaba, estaba bien hasta el próximo ciclo, que ocurría en cualquier momento entre 18 a 45 días después del comienzo del anterior. Durante todo ese intervalo, rezaba fervientemente para que la siguiente vez fuera de noche o un fin de semana. Así estaría más cerca de mi cama. 

Como hice con tantas cosas de mi juventud con fibromialgia, consideré que esto era normal. 

Cuando finalmente me di cuenta de lo diferente que era mi experiencia mensual a la de mis amigas, de mala gana permití que mi madre me llevara a un médico. 
Mi peor miedo era el temido «examen interno». Pero estaba desesperada por el horrible dolor. Habría hecho absolutamente cualquier cosa para no sufrir de esa manera otra vez.
Esta fue mi primera experiencia tratando de describir síntomas inusuales a un médico. 
En realidad resultó una buena práctica para cuando apareció mi siguiente enfermedad extraña. Desafortunadamente, ninguna explicación podría hacer que el amable y viejo doctor entienda mi problema. 
No estoy segura de que hubiera algo que él podría haber hecho por mí, incluso si lo hubiera entendido. Por decepcionante que fuera, me sentí más aliviada al ver que no fue necesario ningún examen interno.
El médico le dijo a mi madre (como si ni siquiera estuviera en la habitación) que con el tiempo aprendería a vivir con «tener calambres» y ser una mujer. Él estaba equivocado. 
Lo que tenía nunca eran «calambres», y nunca aprendí a vivir con lo que fuera que tenía. 
He experimentado mi propia «miseria Paracetamol» cada mes hasta que comencé a tomar pastillas anticonceptivas. 
Si hubieran sido inventadas en 1957 y prescritas para la menstruación dolorosa como lo son hoy, podrían haberme salvado de un mundo de dolor.
Las conversaciones que tuve con compañeras pacientes de fibromialgia, en este seminario, fueron la primera fuente de consuelo que he tenido sobre este tema. 
Igual que yo, las mujeres con las que hablé buscaban comprensión y la certeza de que no estaban locas. 
Pero sobre todo, anhelábamos encontrarnos con otra persona que pudiera decir honestamente: «¡He tenido exactamente lo mismo!» 
Cuando varias de ellas describieron un estado desesperante de tirantez dolorosa acompañada de sudoración, apretando las manos y los pies, que era aliviada sólo por el sueño, casi me eché a reír del alivio. 
Por supuesto, solamente podríamos especular sobre qué hizo que nuestras experiencias fueran tan horribles, comparadas con las de nuestras compañeras. Hasta la fecha, no se han realizado estudios clínicos para explicarlo. Aún no está en la agenda de nadie. 
Una cosa sabemos: con la menstruación, como en tantas otras cosas, los cuerpos sensibles por la fibromialgia, responden de manera diferente que otros cuerpos sanos. 
Compartir estas tristes experiencias nos ayuda a sentirnos menos solas.
¡Gracias por leernos!

By administrator

Publicado por irmizza

Tengo fibromialgia desde hace muchísimos años, debido a la poca información seria que encontraba respecto al tema, hace 9 años comencé un Blog en el cuál fui publicando información seria, de fuentes confiables. Esta es la función de mi sitio web, informar y ayudar a los pacientes de fibromialgia.

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