Fibromialgia, Descubre cómo nos afecta y las maneras de enfrentar el estrés permanente.


La vida cotidiana nos impone un ritmo más acelerado y demandante, todo tiene que estar al instante.

Las obligaciones, la rutina diaria complicada, la llegada de las nuevas tecnologías, la conexión permanente y todo lo que esto implica, influye en el estilo de vida y estado de salud del ser humano, ya que tiene que aprender a desarrollar un proceso de adaptación interno para encajar en este entorno cada vez más demandante.

¿Qué es el estrés?

Pese a que se lo considere algo negativo o perjudicial, lo importante es que el estrés es una reacción normal del organismo ante una situación de alerta y por eso, es indispensable para la supervivencia.
A nivel físico, las glándulas suprarrenales descargan una dosis de hormonas denominadas cortisol y adrenalina, las cuales ejercen influencia en diferentes órganos. Esto repercute en el cuerpo a través del aumento de azúcar (ayuda a disponer de energía de manera más inmediata), aceleración del corazón, aumento de la presión, irrigación de oxígeno a los músculos, entre otros efectos. El estado de alerta prepara así al organismo para enfrentar una circunstancia emocionante, de peligro o bien un hecho puntual. Esta reacción, producto de una situación conflictiva, se denomina estrés agudo y tiene principio y fin es decir, le sirve a ala persona para poder enfrentar y resolver el problema que está atravesando.
Hasta acá todo bien. Pero… ¿Qué sucede cuando ese estado de alerta es constante? Estamos frente a un caso de estrés contemporáneo (permanente, crónico):
El estrés comienza a ser una situación permanente, continua en el tiempo, crónica. Los estímulos que generan estrés persisten y no dan tiempo al cuerpo y a la mente para ponerse en ‘pausa’ respecto a lo que sucede en el entorno y así repararse, las hormonas (cortisol y adrenalina) son liberadas de manera permanente y se genera un desbalance o desequilibrio en la asimilación.
La elevación prolongada del nivel de cortisol y adrenalina impacta en las células que producen anticuerpos, proteínas, que reconocen sustancias extrañas, lo que produce una disminución de la respuesta inmune y una mayor frecuencia de infecciones y enfermedades autoinmunes.
También se suma vivir con cardio estrés (el comportamiento del corazón ante una situación de aumento del estrés), provoca taquicardia, aumento de la presión, trastornos digestivos, contracturas musculares y otros. 
El sueño se perturba, lo cual lleva a la pérdida del ritmo biológico de secreción de cortisol que normalmente disminuye durante el reposo nocturno.

Esta situación genera un aumento de azúcar en sangre durante la noche y la insulina predispone a la obesidad y a la diabetes.
En esta etapa intermedia de estrés contemporáneo, nuestro cerebro nos pide calma, placer inmediato y es allí donde hay tomar precauciones porque de lo contrario, el cerebro induce a conductas para paliar la ansiedad, como pueden ser: tomar más alcohol, comer más dulces, fumar, consumir ansiolíticos, antiinflamatorios y otras drogas.
Es ante esta situación que la persona afectada debe buscar caminos para salir de la sensación de agobio, angustia, preocupación, desazón y ahogo que lo invaden.
¿Cómo combatirlo?
El problema radica en que el estrés crónico no desaparecerá, ‘hay que aprender
a convivir con él’.
El cortisol tiene su antídoto: la oxitocina, una hormona segregada por la hipófisis que se genera en situaciones placenteras y que provoca mayor confianza, mejora las relaciones y disminuye el estrés.
En algunos casos el realizar cambios en los hábitos de vida, como cuidar la alimentación, practicar ejercicio físico regularmente, dedicar tiempo al ocio y a salir con los amigos, buscar modos y momentos para la relajación o prácticas similares puede ser muy efectivo para superar el estrés crónico.
La manera de recomendable para combatir este tipo de estrés es por sobre todas las cosas, un proceso de reeducación en el que es fundamental que la persona cuente con el asesoramiento y ayuda de un profesional médico para poder ser diagnosticado y tratado en consecuencia. El entrenamiento se propone ayudar al paciente a situarse en una posición de búsqueda de aquello que le da placer: practicar un hobby, caminar, estar al aire libre, ir al cine, leer un libro, hacer un deporte, cocinar, viajar, hacer lo que sea para disolver lansiedad anticipatoria (cuando el miedo a lo que aún no ha ocurrido nos inunda) y ver la realidad de manera más relajada, sin exagerarla.

Nota: En estas circunstancias puede ser de mucha ayuda la Terapia cognitivo-conductual, para aprender a afrontar las situaciones que causan el estrés (terapia centrada en cambiar la manera de afrontar las realidades para las que el paciente cree no tener posibilidad de solución).

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