La soledad de la fibromialgia

Existe una soledad diferente, es la soledad de la fibromialgia’, esa soledad que sufren casi todos los enfermos que la padecen, la soledad de vivir en silencio sus síntomas por temor a ser cuestionados, a que los demás duden de su estabilidad psicológica y terminen diciendo: una vez más… 
¿Realmente será como me dicen…, y seré yo el causante de todos mis males?

Estas son las dudas de nuestra soledad ¿Qué hago?, ¿Quién me ayuda?, ¿A quién pido ayuda?
La soledad de la fibromialgia se encuentra en cada sonrisa que forzamos por no decir que nos encontramos mal, para no recibir reproches o afirmaciones como: ‘debes tomar menos medicamentos y salir más’.
 ¿No fuiste al médico y estás en tratamiento? Tantas pastillas te han hecho esto, ¡te has acostumbrado a ellas!, ¡no puede ser posible que no te hagan efecto!.

La soledad de la fibromialgia la vivimos cada vez que estamos en compañía de nuestros seres queridos y mientras el dolor nos aflige, luchamos por no ser el centro de atención y esperamos que acabe la jornada, para poder quedarnos a solas con nosotros mismos y dejar que el dolor físico y emocional fluya en lágrimas de desesperación.
La soledad de la fibromialgia la sentimos cuando vamos a la consulta del médico o del especialista, en ese camino nuestros pensamientos se convierten en una de tantas dudas y miedos a afrontar un nuevo síntoma que permanecerá en nuestro cuerpo, y al que tendremos que acostumbrarnos ‘una vez más’.
La soledad de la fibromialgia es la lucha del día a día que afrontamos los que padecemos esta enfermedad, por las insuficiencias que sufrimos y que nuestro entorno no acepta que sean una incapacidad, ellos piensan que nuestro único problema es: ‘tu puedes, pero no quieres’.
La soledad de la fibromialgia son las múltiples conversaciones con quien quiere saber sobre nuestra enfermedad y al terminar de escucharnos dicta la sentencia: ‘el dolor está en tu mente’.
Esta soledad que vivimos se vuelve extremadamente dolorosa, cuando notas que quién está a tu lado es prejuicioso y no admite que el mundo sea algo más allá que su propia vida.

La soledad de la fibromialgia la vamos experimentando poco a poco, huimos de ella al principio (porque no hay miedo más voraz que sentirse no querido y no tener el cariño de nuestra gente), luego luchas por adaptarte a tu entorno, a tus circunstancias, luchas mediante la palabra, los actos, superando todas las situaciones, pero la enfermedad te va desgastando y llegan los reproches.
Sentimos una gran necesidad de no estar continuamente justificándonos, necesidad de usar nuestras fuerzas en cosas que consideramos prioritarias. 
Porque lo que sí te enseña la enfermedad, es a priorizar tus objetivos y administrar tus fuerzas.
La soledad se convierte en una necesidad para nosotros, para dejar de oír preguntas cuyas respuestas no van a ser escuchadas.
La soledad de la fibromialgia es el camino que recorren muchos enfermos con su realidad mantenida en secreto y que a pesar de sus limitaciones, luchan por seguir adelante con sus sueños.

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