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Las micotoxinas son toxinas químicas presentes dentro o en la superficie de la espora del moho, la cual puede ser inhalada, ingerida o tocada inconscientemente. 

Estas toxinas del moho son extremadamente poderosas y a menudo afectan casi a todos sistemas de órganos del cuerpo. 

Algunos mohos son neurotóxicos y pueden causar efectos en el sistema nervioso central, tales como cambios cognitivos y de comportamiento, ataxia (Dificultad de coordinación de los movimientos, característica de ciertas enfermedades neurológicas) y convulsiones. Aproximadamente el 70 % de las personas con exposición confirmada a los mohos tóxicos exhiben una neurotoxicidad significativa.

Una de las razones por las que las micotoxinas son tan tóxicas es que pueden llegar directamente al cerebro. 
Las neuronas olfativas están en comunicación directa con el cerebro, no hay ninguna barrera. Cualquier cosa que se inhale o huela, incluso sin olor, puede llegar directamente al cerebro a través de estas neuronas olfativas. Incluso se ha encontrado que las micotoxinas entran al cerebro a través de los músculos y nervios ópticos. 
Se han identificado más de 200 micotoxinas en los mohos comunes. Las micotoxinas interfieren con la síntesis de RNA y pueden causar daños en el ADN.
Las micotoxinas, incluso en cantidades mínimas, son solubles en lípidos y se absorben fácilmente por el recubrimiento intestinal, el aire y la piel.
El moho produce esporas, las cuales se propagan a través del aire, el agua o a través de insectos. Estas esporas actúan como semillas y pueden propiciar un nuevo crecimiento de moho si las condiciones son apropiadas.
Las micotoxinas que han probablemente recibido la mayor atención de parte de los científicos son los tricotecenos, producidos por el








Stachybotyrs chartarum y Aspergillus vesicolor, dos de los mohos a los que hay que prestar mucha atención, debido a sus efectos especialmente tóxicos.

Las enfermedades y síntomas relacionados con la exposición a micotoxinas incluyen fiebre, síntomas similares a la neumonía, enfermedad cardíaca, enfermedad reumática, asma, sinusitis, cáncer, pérdida de memoria, pérdida de visión, fatiga crónica,erupciones cutáneas, depresión, TDAH, ansiedad y daño hepático. También afecta el sistema musculoesquelético y los sistemas nerviosos central y periférico.

Esto hace que sea un enorme reto identificar la causa real y, cuando el moho está oculto, es extremadamente fácil no darse cuenta de la relación entre la exposición al moho tóxico y un problema de salud persistente.
Es muy importante encontrar un médico que pueda realizar una evaluación inteligente y completa si se encuentra en la desafortunada situación de tener una condición médica sin explicación.
Lograr un diagnóstico requiere de una experiencia poco común
A pesar de que el conteo de glóbulos blancos se eleva con las infecciones bacteriales, NO se eleva generalmente con las infecciones fúngicas. Esta es información clave que puede ayudar a su médico a encontrar la causa de su infección.
Además, las infecciones fúngicas causan un incremento de eosinófilos (un tipo de glóbulo relacionada a las alergias y los parásitos) en el área de la infección, como en la mucosa nasal.
Se ha demostrado que la suplementación con clorofilina, zinc, vitaminas A, E, C, N, Acetilcisteina, ácido rosmarínico y glutatión liposomal solo o en combinación, mitigan los efectos oxidativos del moho.
Párr. de: Dr. Mercola, neuronae.net,

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