Fibromialgia, Espondiloartritis. ¿Por qué?

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La EAA* (Espondiloartritis), es un reumatismo inflamatorio que afecta a adultos jóvenes, normalmente antes de los 40 años.
Los hombres se ven afectados más a menudo que las mujeres.
Produce una inflamación esencialmente de la columna vertebral y la pelvis.

¿Cuáles son los mecanismos?
La EAA* se debe a una inflamación de las entesis, es decir, una pequeña zona, situada en un tendón, justo donde éste se introduce en el hueso.
Como tenemos muchas entesis en la columna vertebral, esto explica por qué ésta es la región del cuerpo que se ve más frecuentemente afectada.
Actualmente, no conocemos la causa de la EAA*.
Parece que el antígeno HLA B27 (que se detecta realizando un simple análisis de sangre) está implicado:
Se encuentra con mucha más frecuencia durante la espondiloartritis que en la población general, pero su simple presencia no basta para provocar la enfermedad y tampoco lo encontramos en todos los pacientes.
¿Cuáles son los síntomas?
Generalmente, los síntomas son los dolores relacionados con una inflamación de las articulaciones sacro-ilíacas (articulaciones situadas en los glúteos, entre el sacro y el hueso ilíaco), los ligamentos y/o las articulaciones de las vértebras, las articulaciones del tórax (pecho o caja torácica).
Estos dolores, localizados a la altura de los glúteos, en la mitad de la espalda y en la parte trasera del muslo, aparecen sobre todo por la noche, disminuyen durante el día y con el ejercicio físico, para volver a aparecer por la noche con el cansancio.
No mejoran con el descanso.
También observamos una rigidez matinal

En ocasiones hay signos distintos a los articulares, por ejemplo en el ojo:
Se trata de la uveítis anterior, una inflamación de la parte anterior del ojo que se traduce, normalmente, en un ojo rojo y doloroso en su conjunto y, a veces, en una falta de nitidez visual.
Pero también se puede dar una psoriasis cutánea, o una inflamación del tubo digestivo.
¿Cómo se realiza el diagnóstico?
Cuando se sospecha la presencia de una EAA*, el médico manda que se realice un análisis de sangre, para realizar un control biológico que puede (raramente), poner de manifiesto signos de inflamación articular:
Aumento de la velocidad de sedimentación, algunas variables, pero no siempre presentes al inicio de la enfermedad.
La búsqueda del antígeno HLA B 27 en la superficie de los glóbulos blancos, puede resultar útil en el diagnóstico, ya que algunas formas de EAA* están asociadas a su presencia, que sin embargo, no basta para confirmar el diagnóstico de la enfermedad.
También se solicita la realización de radiografías, especialmente de la columna vertebral y la pelvis.
La presencia de una sacroileítis, una inflamación de las articulaciones sacro-ilíacas, ayudará al médico a realizar el diagnóstico.
Por último, el médico recurre, en ocasiones, a algunos tests con fármacos principalmente antiinflamatorios y analgésicos, que consisten en recetar al paciente un tratamiento con dichos medicamentos para evaluar su eficacia: una respuesta positiva va en favor del diagnóstico de EAA*.

¿Cómo evoluciona?
Su evolución es progresiva y variable según el paciente.
A menudo se manifiesta por accesos que, si no se sigue ningún tratamiento, pueden producir dolores nocturnos que despiertan al enfermo hacia las 2 de la mañana, y una rigidez matinal de más de 30 minutos.
Muy raramente, se puede dar una osificación agarrotadora de la columna vertebral, así como una afectación de las caderas.
Afortunadamente, estas formas graves son cada vez más raras y, sobre todo, se ven formas benignas, sin agarrotamiento crónico.
¿Cuáles son los tratamientos?
Se recetan distintos tipos de tratamientos que tienen el objetivo de aliviar los dolores, disminuir la inflamación, conservar la función articular y mejorar la calidad de vida. Actualmente no existen tratamientos de fondo.
Los tratamientos sintomáticos 
Los anti-inflamatorios no esteroideos son muy eficaces en la EAA*.
Reducen rápidamente el dolor, la rigidez matinal y mejoran la movilidad articular.
Los analgésicos alivian el dolor.
Algunos están disponibles sin receta médica, pero si su uso se vuelve muy frecuente, hay que consultar con el médico para que vuelva a evaluar y adaptar el tratamiento de fondo.
En caso de fracaso de al menos dos fármacos, principalmente antiinflamatorios y analgésicos, distintos, se receta una terapia biológica.

El reumatólogo escoge el más adaptado en función de la gravedad de la EAA*, los antecedentes y las contraindicaciones del paciente.
Actúan de forma específica en algunas sustancias liberadas por el sistema inmunitario.
Estos medicamentos administrados por vía subcutánea o intravenosa pueden tener efectos indeseables.
Por lo tanto, durante estos tratamientos es importante realizar una vigilancia médica.
Los tratamientos locales
También se recetan para aliviar los dolores, especialmente las infiltraciones de corticoides.

Los tratamientos no medicamentosos
La reeducación funcional  tiene el objetivo de luchar contra el dolor y el agarrotamiento.
Se realiza, principalmente, fuera de los períodos inflamatorios de la enfermedad.
Tiene un interés primordial en esta enfermedad.
El kinesiterapeuta puede proponer al paciente una serie de ejercicios que realizará todos los días en su casa después de que el médico haya observado que realiza correctamente los movimientos. 
Una práctica deportiva regular puede sustituir la kinesioterapia.
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Imagen de: Diseases Pictures