Dolor de cuerpo y cansancio, temas de todos los días en la Fibromialgia…

Puede haber una asociación entre la fibromialgia y el síndrome de piernas inquietas, un trastorno sensorio-motor neurológico, caracterizado por un deseo abrumador de mover las piernas cuando están en reposo.

Es más común entre los pacientes con fibromialgia y con artritis reumatoide que entre las personas que no tienen estas condiciones.
Comprender esta asociación ayudará a los médicos a buscar y manejar los síntomas de del Síndrome de piernas inquietas, entre los pacientes con fibromialgia.
 
Hay una variedad de condiciones que podrían conducir al dolor generalizado y la fatiga crónica.
La fibromialgia normalmente también incluye dificultades cognitivas, angustia psicológica, fatiga debilitante inexplicable, y no aliviada por el descanso.
Las personas con fibromialgia también pueden sufrir trastornos del sueño, como la respiración desordenada. Antes de buscar ayuda médica para la fibromialgia, se recomienda mantener un diario del sueño.
Mira más:

SÍNTOMAS:
Fibromialgia por lo general incluye una amplia gama de síntomas, incluyendo la combinación de los siguientes:
•  Dolor generalizado
•  trastornos del sueño
•  Fatiga diurna crónica
•  Rigidez matinal en las articulaciones y los músculos
•  migrañas
•  síndrome del intestino irritable
•  Períodos menstruales dolorosos
•  Entumecimiento u hormigueo de las extremidades
•  Síndrome de piernas inquietas
•  Sensibilidad a la temperatura
•  Mareos y problemas de equilibrio
•  Problemas cognitivos y de memoria
•  Trastornos del estado de ánimo tales como depresión y ansiedad

TRATAMIENTO:
No hay medicamentos aprobados específicamente desarrollados para la fibromialgia, pero sí hay medicamentos comúnmente utilizados para otras condiciones que son eficaces para los síntomas de la fibromialgia.
Al tratar la fibromialgia muchos médicos se centran principalmente en el tratamiento farmacológico, pero los métodos como el ejercicio, y las terapias de masaje se ha demostrado que benefician a los pacientes también. Mejorar el sueño generalmente reduce el dolor y la fatiga, y mejora el funcionamiento durante el día.
Ningún plan de tratamiento es igual para todos los pacientes con fibromialgia.
Los que consisten en una combinación de terapias farmacológicas y no farmacológicas deben diseñarse para cada paciente, y el médico puede tener que probar varias combinaciones diferentes antes de conseguir mejorar los síntomas del paciente. Lo importante a tener en cuenta es que cualquier plan de tratamiento debe abordar tanto el alivio del dolor como la minimización de trastornos del sueño.
La fibromialgia es una condición persistente para la cual no hay cura. Es común que los síntomas de la fibromialgia aumenten y disminuyan.
Pueden ser más severos en ciertas épocas del día, del mes o del año y pueden remitir por un período extendido de tiempo, solamente para reaparecer más adelante sin ninguna razón evidente, o después de un acontecimiento traumático tal como un accidente de automóvil. 
Pero hay maneras de hacer frente a los síntomas de la fibromialgia y prevenir la exacerbación del dolor.
 
Estos son algunos consejos:
Priorizar el sueño: -es importante para las personas con fibromialgia mantener un horario regular de sueño, y recibir tratamiento para los trastornos del sueño, si es necesario-.
Crear un ambiente tranquilo -el dolor crónico es sabido que se intensifica en presencia del estrés.
Ejercicio: el ejercicio regular mejora los síntomas en algunos pacientes.
Para las personas con fibromialgia, las actividades de bajo impacto como caminar, yoga o nadar son la mejor opción.
Medicación: trabaje con un médico para desarrollar un régimen eficaz de medicamentos.
Masajes: -el masaje suave, la respiración profunda, y las técnicas de relajación-, son generalmente considerados beneficiosos con respecto al tratamiento del dolor crónico.

Fibromialgia, Espondiloartritis. Por qué?



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function googleTranslateElementInit() { new google.translate.TranslateElement({ pageLanguage: \’es\’ }, \’google_translate_element\’); } La EAA* (Espondiloartritis), es un reumatismo inflamatorio que afecta a adultos jóvenes, normalmente antes de los 40 años.

Los hombres se ven afectados más a menudo que las mujeres.

Produce una inflamación esencialmente de la columna vertebral y la pelvis.


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¿Cuáles son los mecanismos?
La EAA* se debe a una inflamación de las entesis, es decir, una pequeña zona, situada en un tendón, justo donde éste se introduce en el hueso.
Como tenemos muchas entesis en la columna vertebral, esto explica por qué ésta es la región del cuerpo que se ve más frecuentemente afectada.
Actualmente, no conocemos la causa de la EAA*.
Parece que el antígeno HLA B27 (que se detecta realizando un simple análisis de sangre) está implicado:
Se encuentra con mucha más frecuencia durante la espondiloartritis que en la población general, pero su simple presencia no basta para provocar la enfermedad y tampoco lo encontramos en todos los pacientes.
¿Cuáles son los síntomas?
Generalmente, los síntomas son los dolores relacionados con una inflamación de las articulaciones sacro-ilíacas (articulaciones situadas en los glúteos, entre el sacro y el hueso ilíaco), los ligamentos y/o las articulaciones de las vértebras, las articulaciones del tórax (pecho o caja torácica).
Estos dolores, localizados a la altura de los glúteos, en la mitad de la espalda y en la parte trasera del muslo, aparecen sobre todo por la noche, disminuyen durante el día y con el ejercicio físico, para volver a aparecer por la noche con el cansancio.
No mejoran con el descanso.
También observamos una rigidez matinal

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En ocasiones hay signos distintos a los articulares, por ejemplo en el ojo:
Se trata de la uveítis anterior, una inflamación de la parte anterior del ojo que se traduce, normalmente, en un ojo rojo y doloroso en su conjunto y, a veces, en una falta de nitidez visual.
Pero también se puede dar una psoriasis cutánea, o una inflamación del tubo digestivo.
¿Cómo se realiza el diagnóstico?
Cuando se sospecha la presencia de una EAA*, el médico manda que se realice un análisis de sangre, para realizar un control biológico que puede (raramente), poner de manifiesto signos de inflamación articular:
Aumento de la velocidad de sedimentación, algunas variables, pero no siempre presentes al inicio de la enfermedad.
La búsqueda del antígeno HLA B 27 en la superficie de los glóbulos blancos, puede resultar útil en el diagnóstico, ya que algunas formas de EAA* están asociadas a su presencia, que sin embargo, no basta para confirmar el diagnóstico de la enfermedad.
También se solicita la realización de radiografías, especialmente de la columna vertebral y la pelvis.
La presencia de una sacroileítis, una inflamación de las articulaciones sacro-ilíacas, ayudará al médico a realizar el diagnóstico.
Por último, el médico recurre, en ocasiones, a algunos tests con fármacos principalmente antiinflamatorios y analgésicos, que consisten en recetar al paciente un tratamiento con dichos medicamentos para evaluar su eficacia: una respuesta positiva va en favor del diagnóstico de EAA*.
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¿Cómo evoluciona?
Su evolución es progresiva y variable según el paciente.
A menudo se manifiesta por accesos que, si no se sigue ningún tratamiento, pueden producir dolores nocturnos que despiertan al enfermo hacia las 2 de la mañana, y una rigidez matinal de más de 30 minutos.
Muy raramente, se puede dar una osificación agarrotadora de la columna vertebral, así como una afectación de las caderas.
Afortunadamente, estas formas graves son cada vez más raras y, sobre todo, se ven formas benignas, sin agarrotamiento crónico.
¿Cuáles son los tratamientos?
Se recetan distintos tipos de tratamientos que tienen el objetivo de aliviar los dolores, disminuir la inflamación, conservar la función articular y mejorar la calidad de vida. Actualmente no existen tratamientos de fondo.
Los tratamientos sintomáticos 
Los anti-inflamatorios no esteroideos son muy eficaces en la EAA*.
Reducen rápidamente el dolor, la rigidez matinal y mejoran la movilidad articular.
Los analgésicos alivian el dolor.
Algunos están disponibles sin receta médica, pero si su uso se vuelve muy frecuente, hay que consultar con el médico para que vuelva a evaluar y adaptar el tratamiento de fondo.
En caso de fracaso de al menos dos fármacos, principalmente antiinflamatorios y analgésicos, distintos, se receta una terapia biológica.

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El reumatólogo escoge el más adaptado en función de la gravedad de la EAA*, los antecedentes y las contraindicaciones del paciente.
Actúan de forma específica en algunas sustancias liberadas por el sistema inmunitario.
Estos medicamentos administrados por vía subcutánea o intravenosa pueden tener efectos indeseables.
Por lo tanto, durante estos tratamientos es importante realizar una vigilancia médica.
Los tratamientos locales
También se recetan para aliviar los dolores, especialmente las infiltraciones de corticoides.

Los tratamientos no medicamentosos
La reeducación funcional  tiene el objetivo de luchar contra el dolor y el agarrotamiento.
Se realiza, principalmente, fuera de los períodos inflamatorios de la enfermedad.
Tiene un interés primordial en esta enfermedad.
El kinesiterapeuta puede proponer al paciente una serie de ejercicios que realizará todos los días en su casa después de que el médico haya observado que realiza correctamente los movimientos. 
Una práctica deportiva regular puede sustituir la kinesioterapia.
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Información de: 
Imagen de: Diseases Pictures

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